domingo, 18 de octubre de 2015

Querido Julián.

Alisé la carta sobre el mostrador y la leí casi sin aliento.

Querido Julián:
Esta mañana me he enterado de que realmente dejaste Barcelona y te fuiste en busca de tus sueños. Siempre temí que esos sueños no te iban a dejar nunca ser mío, ni de nadie.
Me hubiera gustado verte una última vez, poder mirarte a los ojos y decirte cosas que no sé contarle a una carta. Nada salió como lo habíamos planeado. Te conozco demasiado y sé que no me escribirás, que ni siquiera me enviarás tu dirección, que querrás ser otro. Sé que me odiarás por no haber estado allí como te prometí. Que creerás que te fallé. Que no tuve valor.
Tantas veces te he imaginado, solo en aquel tren, convencido de que te había traicionado. Muchas veces intenté encontrarte a través de tu amigo, pero él me dijo que ya no querías saber nada de mí. ¿Qué mentiras te contaron? ¿Qué te dijeron de mí? ¿Por qué les creíste?
Ahora ya sé que te he perdido, que lo he perdido todo. Y aun así no puedo dejar que te vayas para siempre y me olvides sin que sepas que no te guardo rencor, que yo lo sabía desde el principio, que sabía que te iba a perder y que tú nunca ibas a ver en mí lo que yo en ti. Quiero que sepas que te quise desde el primer día y te sigo queriendo, ahora más que nunca, aunque te pese.
Te escribo a escondidas, sin que nadie lo sepa. No me dejan ya salir de casa, ni asomarme a la ventana. No creo que me perdonen nunca. Alguien de confianza me ha prometido que te enviará esta carta. No menciono su nombre para no comprometerle. No sé si te llegarán mis palabras. Pero si así fuera y decidieses volver por mí, aquí encontrarás el modo de hacerlo. Mientras escribo, te imagino en aquel tren, cargado de sueños y con el alma rota de traición, huyendo de todos nosotros y de ti mismo. Hay tantas cosas que no puedo contarte. Cosas que nunca supimos y que es mejor que no sepas nunca.
No deseo nada más en el mundo que seas feliz, que todo a lo que aspiras se haga realidad y que, aunque me olvides con el tiempo, algún día llegues a comprender lo mucho que te quise.


lunes, 12 de octubre de 2015

Quiero.

Yo nunca quiero nada, mucho menos material. Porque como a mí nunca me gusta nada, eventualmente tampoco quiero nada. Pero me contradigo, porque si se trata de tí lo quiero todo. Quiero una vida contigo, quiero las promesas, quiero hijos, quiero sonrisas, quiero tu apoyo, quiero tu confianza, quiero que siempre seamos un equipo, quiero que me ames, quiero complacerte, quiero consentirte, quiero estar para ti cuando más me necesites, quiero tu mano entrelazada con la mia, quiero que tus sueños y metas sean los míos, quiero hacerte feliz.

Hasta nunca.

Y se miraron fijamente como en la vez primera, como cuando con los ojos se dijeron los poemas más divinos, aunque lo triste fue que aquella vez las miradas se cruzaron para saludarse, en cambio en esta se chocaron para pronunciar un hasta nunca.



Hoy pienso que esto es lo más constante que he tenido en mi vida, intentar escribir una carta diaria realmente ayuda a entender los procesos por los que las emociones pasan, quizás la pena no se va, quizás ahora es más fuerte que nunca, pero tenerlo escrito ayuda a entender y recordar. 
Esta ya no va dirigida hacia ese ser, ahora va dirigida a todos y nadie a la vez, va dirigida hacia mi, hacia mi alma y mi cuerpo, mi alma que lo extraña, mi cuerpo que lo desea, mi mente que no entiende razones y mi ser que lo único que quiere es besarlo.
Hoy el día está un poco triste, quizás estoy adquiriendo las emociones del día, un poco oscuro, un poco frío, un poco noctámbulo, hoy quiero verlo, quiero decirle te quiero y esperar un te quiero de vuelta, quiero dormirme con la luna roja y verla tomada de su mano, quiero sentir que nada ha pasado, que hemos crecido y que un futuro nos espera. Hoy quiero pensar que eso es cierto, pero quiero también darme cuenta que no es real, que no me quiere a su lado, que no veré la luna tomada de su mano, quiero darme cuenta que estaré en mi casa, sóla, estudiando en mi pieza encerrada cargada del recuerdo, asumir que lloraré y que él no estará para abrazarme, quiero asumir que estoy sola, sola conmigo y que eso debiese bastar. 
Hoy quiero tener la fuerza para tomar el teléfono y decirle todo lo escrito.




viernes, 26 de junio de 2015

-

No sé si para vosotros este es un buen día, ni siquiera sé si os habéis levantado con el pie izquierdo ni tampoco a qué coño viene ese dicho, pero hay días en los que no sabes por qué, te vienes abajo sin motivo aparente y a veces desearías que alguien te entendiera o que simplemente alguien se diese cuenta para así poder darte un abrazo de esos que, a veces, necesitas y no tienes.
Cada uno tiene su vida, sí, pero no siempre cada persona es lo suficientemente fuerte para poder con ella.
La mayoría de las personas de nuestro alrededor ni se dan cuenta de lo hecho mierda que llegamos a estar a veces.
Se supone que para nuestra edad no existen los problemas y, el único problema es que no se detienen a conocernos, ni siquiera a preguntarte si estás bien o cómo te ha ido ese examen.
¿Qué tal con las amigas? ¿Y ese chico que te gusta qué? ¿Y lo poco que a veces llegas a quererte? ¿Si aún sigues llorando a esa persona que has perdido?
Nunca se para a preguntar si estamos teniendo un buen día hasta que no nos ven en nuestro límites y lloramos y, a veces, es bonito que alguien se de cuenta de que estás mal antes de llegar a esos extremos y por eso, hoy, quiero deciros que por muy grandes o pequeños que consideréis vuestros problemas no hay nada que no se arregle con el tiempo.
Y quiero que aunque miréis a vuestro alrededor y no veáis a nadie, siempre tendréis alguien -yo, o cualquier otra persona- que quiere veros felices.
Es duro, es duro seguir día tras día cuando te das cuenta de que hay la misma mierda de siempre en diferentes momentos y que parece que no se acaba.
Pero oye, somos jóvenes y las malas rachas no pueden durar eternamente, siempre podemos intentar echarle huevos y acabar con ellas antes de que éstas acaben con nosotros.
No he venido aquí a deciros que todo irá bien, ni que las cosas mejorarán, porque eso no lo sé ni yo, sólo he venido a deciros que no estáis solos porque estoy segura de que en cualquier parte del mundo, cada uno de vosotros tenéis a alguien que sería un poco más feliz si vosotros lo fueseis y por eso, muchas veces sonrío, por ellos.
Porque me paro a pensar y me doy cuenta de que mi felicidad no es solo mía, sino también de aquellos que me importan y les importo.
Y no sé si hoy para vosotros es un buen día, pero quizás mañana lo sea.
Todo se arregla, menos la muerte, y para eso aún queda mucho.
Y, escúchame... sé que eres fuerte; sólo hay que verte después de haber soportado toda la mierda que has tenido que soportar.
Y sigues aquí, mírate, yo estaría orgullosa de alguien como tú.
Así que no des todo por perdido, ni te hundas porque no vale la pena, y si de algo estoy segura de que vale la pena; ese algo eres tú.
Así que si en algún momento tienes ganas de llorar, hazlo, nunca viene mal, pero quiero que hagas una cosa; cuando acabes de llorar, ve al baño, sécate las lágrimas, lávate la cara y sonríe al espejo, y así con esa sonrisa es como quiero verte.
Y estoy segura de que llegará el día en que sonrías frente al espejo y sea de verdad, porque serás feliz.
Y yo, aquí perdida, estaré muy orgullosa y feliz de que lo seas.

¿Te arrepientes ahora de no tenerla?

-¿Has visto cómo sonríe? Parece haberse olvidado de todo, como si no tuviera nada que ver conmigo.
¿Has visto cómo se mira y tontea con todos? ¿Has visto cómo va vestida hoy? Se ha puesto aquellos pantalones que tanto me gustaban y esa blusa blanca que le hacía estar aún más guapa.
¿Has visto cómo ha cambiado? Ha cambiado tanto que no la reconozco.
+Y tú, ¿has visto cómo lloraba cada noche siendo tú el motivo? ¿Has visto cómo se ha dado cuenta de que has sido tú el que se ha olvidado de todo?
Si no has estado con ella en sus días de lágrimas, si no has estado ahí para decirle lo bien que le sentaba esa blusa nueva, si no has estado ahí cuando ella más lo necesitaba (siendo tú el único que sabía cómo solucionar por lo que ella estaba pasando); no tienes derecho ahora a reprocharle lo feliz que es sin ti.