domingo, 4 de agosto de 2013

¿Cómo no iba a querer más que a nada en este mundo a mi niño tonto?

Dicen que las cosas siempre pasan por un motivo.
Que los trenes pasan, y no esperan a nadie, que pisar una mierda da buena suerte, que los tréboles de cuatro hojas traen felicidad.
Dicen que nada es para siempre, y que todo lo que empieza acaba.
Que cuando menos te lo esperas aparece esa persona que te cambia el mundo.
Dicen que no tienes que esperar al momento perfecto, sino coger aquel momento y hacerlo perfecto.
Dicen que la distancia sólo son números que intentan separar a la gente que nació para estar unida.
Que una mirada vale más que mil palabras y que no es lo mismo decir te quiero que demostrarlo.
Pero yo te digo que pueden decir miles y miles de cosas más, pero yo tengo una conclusión lógica para cada una de ellas.
Sé que las cosas pasan por un motivo, y ese motivo que nos unió, será incapaz de separarnos.
Sé que pasan muchos trenes y que la mitad los pierdo o simplemente los dejo escapar, pero sinceramente prefiero ir andando a tu lado.
No creo en la suerte, ni en que una planta traiga la felicidad, sé que mi suerte eres tú y que mi felicidad tiene nombre y apellidos.
Sé que lo nuestro será eterno, y que seremos lo que nunca nadie fue.
También sé que apareciste justo entonces en ese momento en el que más te necesitaba, en ese momento en el que estaba perdida y necesita algún hombro en el que llorar.
Sé que hemos pasado miles de momentos, y ambos sabemos que todos nuestros momentos, siempre son perfectos.
¿Distancia? Entre nosotros no existe esa palabra, ni nada parecido.
Sé que nada más con una mirada somos capaces de decirnos mil y una cosas, que no seríamos capaces de decir hablando.
También sé, bueno mejor dicho sabemos mejor que nadie, que es muy fácil decir te quiero y no demostrarlo, pero te aseguro y no me cansaré nunca de demostrartelo, que a mi quererte se me queda cortísimo, ¿cómo no iba a querer más que a nada en este mundo a mi niño tonto?

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